Me he resistido durante años a caer en el desánimo a pesar de las evidencias, pero ya me es imposible, he perdido la ilusión en mi carrera profesional. Recuerdo que fue duro llegar hasta aquí, tras años de estudios, trabajando lejos del hogar y esforzándome en ser un buen servidor público; tanto sacrificio personal para llegar a este absurdo estado en el que parecemos prescindibles e incluso se nos ataca como culpables de los males de una desastrosa Administración mandada por unos ineptos e irresponsables que nos dejan de lado.
Soy un funcionario que ocupa un puesto de asesor técnico, pero que ha visto su trabajo reducido al de un administrativo. Eso sí, aún conservo (y quieren que sea por poco tiempo) "el tarro de las esencias" esa potestad administrativa por la que se me requiere para que estampe mi firma en informes que si no son del agrado de los cargos políticos son sustituidos, perdidos u olvidados. No se espera de mi que sea diligente o eficaz, tanto como obediente y que no moleste. Año tras año, los funcionarios más cumplidores con nuestro cometido público somos más molestos para los políticos y sus lacayos colocados como cargos públicos. La calidad de mi trabajo que es transparencia, eficacia, honradez e independencia no se valora, al contrario es vista con recelo. Pero el futuro que nos espera en esas nuevas agencias es aún peor, mi jefe inmediato será un enchufado político colocado a dedo y removido a dedo que no tiene por qué haberse presentado jamás a unas oposiciones, quizá su único mérito sea el haber ostentado unos años el cargo de concejal de un ruin pueblo; ni por ende conocerá la legislación administrativa y sin embargo se le otorgará las mismas potestades de un funcionario y aún mayores, pues será él el que valore mi trabajo, y cuanto debo de recibir en mi sueldo en concepto de productividad. ¿Se imaginan la productividad de los funcionarios de igual forma que la productividad de un aprieta tuercas, un juez que cobrara más por dictar sentencias más rápido en lugar de dedicar el tiempo necesario a estudiarlas con el debido detalle o un cirujano premiado por hacer las operaciones más rápido o un médico del SAS obligado a ahorrar y no recetar medicinas necesarias a los pacientes?
Decía alguien que la base de ser funcionario era decir por defecto "no" a todo, pues decir "sí" es lo único que conlleva el riesgo de no cumplir con la responsabilidad encomendada de garante del derecho público. Por desgracia parece ser que hemos pasado de un extremo al opuesto, como decía el ex-secretario Guerrero (el del "fondo de reptiles" de los ERE) "los interventores son caprichosos", y ellos esperan que no lo seamos y premian con PLD a los poco escrupulosos; esto al final conduce a los que somos más responsable, más sensibles al interés público, a tener una conducta cada vez más displicente para no andar en la picota mientras el resto de compañeros deambula como autómatas o hacen coro con los mariachis (léase externos) y son luego premiados con los mejores sueldos de los PLD.
Estos compañeros han olvidado o quieren olvidar a quien sirven. Ya lo decía el catedrático S. ROYO-VILLANOVA "la eficacia administrativa depende del nivel moral y de la capacidad técnica de los funcionarios públicos". Yo diría que el funcionario que pierde esa capacidad técnica y no alcanza ese nivel moral, podrá ser funcionario de carrera pero en su trabajo ya no lo es.
Desgraciadamente eso es lo que veo, compañeros acomodados a un horario reducido de trabajo, a unas exigencias mínimas de sus jefes y a dejar que externos y empresas públicas carguen con el trabajo técnico. No veo diferencias en su celo en velar por lo público que la de cualquier contratado a dedo o trabajador externo, me duelo reconocerlo pero es lo que veo en la Consejería de Medio Ambiente, funcionarios que perdieron el orgullo de serlo. Y los otros, los de la empresa EGMASA (ahora Agencia) lo saben, y se consideran por ello con tanto derecho como el que aprobó las oposiciones, pues muchas veces como técnicos ellos están más al pie de la defensa del medio ambiente que los asesores técnicos de la Consejería, hay que reconocerlo.
Algunos, me consta que no han sido siempre así y su dignidad fue pisoteada las políticas sindicales, principalmente encabezadas por UGT y CCCO, con su empeño pertinaz de tabla rasa, que ha conseguido laboralizar a los funcionarios, quitándoles capacidad técnica al no formarlos con cursos acordes a sus puestos de la RPT ni valorar los que en Universidad u otras instituciones pudieran haber realizados para su formación, así como publicaciones científicas y demás; como si de ordenanzas se tratara, el mérito principal y casi único es la veteranía, los años de servicio. Así la carrera del funcionario recuerda la de los suboficiales chusqueros de cuando el ejército no era profesional.
Volviendo al profesor ROYO-VILLANOVA mencionaba que " El derecho público es el derecho por esencia del Estado. Su conocimiento ayudará a respetarlo, realizándose así la sumisión del Estado al Derecho."
Es clara la estrategia seguida por el Gobierno en Andalucía con la complicidad de los sindicatos mayoritarios de esquivar el derecho público (huida del derecho administrativo) para así evitar la sumisión al Estado de Derecho. Resulta irónico pensar que el profesor ROYO-VILLANOVA sostenía ese discurso en plena dictadura sin una Constitución democrática que establece como principio fundamental la separación de poderes. Algo estamos haciendo (o consintiendo) muy mal, rematadamente mal cuando además, los más de 7 meses de lucha contra la reordenación siguen siendo visto por la mayoría de la ciudadanía como un conflicto laboral o como una lucha política contra un partido socialista que confunde partido con instituciones públicas.
Pero puertas adentros es peor. Digo que, a veces veo funcionarios, pues muchas veces, los que trabajan conmigo en la Consejería de Medio Ambiente no ejercitan como tales en su día a día en su trabajo. No me parecen funcionarios y ni siquiera empleados públicos que den la talla en objetividad, integridad, neutralidad, responsabilidad, imparcialidad, confidencialidad, dedicación al servicio público, transparencia, ejemplaridad, austeridad, accesibilidad, eficacia, honradez, promoción del entorno cultural y medioambiental, y respeto a la igualdad entre mujeres y hombres. Todos ellos principios que inspiran el Código de Conducta de los empleados públicos (art. 52 del EBEP).
Sin embargo no me importa, y los aprecio como también aprecio a muchos compañeros laborales o externos o de la extinta EGMASA, trabajadores dignísimos en su cometido y que luchan por sus derechos laborales. Pero lo que si me duelen son esos compañeros funcionarios de carrera tan dignos como los externos en lo laboral; pero, que no considero dignos de ser funcionarios si no luchan contra la aberración de esta reordenación. No vale buscar excusas continuamente para no manifestarse, y me avergüenza vuestra actitud precisamente porque no sois ni laborales ni meros contratados sino funcionarios de carrera. Como ocurre con el derecho administrativo, veo vuestra huida del deber público como funcionarios que sois. Tal como lo siento, sinceramente digo que esta lucha sería lo más digno que hagáis muchos de vosotros en toda vuestra vida.
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