lunes, 22 de noviembre de 2010

LA GRAN REBELIÓN

El filósofo José Antonio Rodríguez Tous ha escrito lo que sigue en El Mundo: LOS IDEADORES de la movilización permanente de funcionarios contra el decreto 5/10 -el de la funcionarización by the face de los trabajadores de la administración paralela de la Junta- son dignos de encomio.
Ignoro quiénes son. Imagino que pertenecen a esa élite meritocrática de la administración autonómica ninguneada por sus jefecillos políticos. Debe ser muy duro obtener por oposición una plaza de alto funcionario y recalar en un negociado donde el que manda carece de estudios superiores, o de experiencia profesional específica o, simplemente, de talento. Muchos de ellos han trabajado y trabajan tragándose sus principios y mordiéndose la lengua. Y es que al contestatario se lo condenaba hasta ahora al ostracismo, es decir, a la nada profesional, al despacho-zulo, a la mesa vacía, a la invisibilidad. Hasta ahora.


Los incansables rebeldes han optado desde el principio por la simplicidad: sólo exigen que el decreto 5/10 sea derogado. Intentando conjurar esta gran rebelión, Griñán ha depuesto al responsable del engendro legislativo, ha propiciado una negociación fantasmagórica con los sindicatos áulicos, ha recurrido a la teoría
conspiratoria y ha abusado de las descalificaciones soeces. Todo en vano. Casi
tres meses después de la aprobación del decreto, la movilización no ha decrecido. Al contrario: la manifestación del pasado sábado en Sevilla tuvo un éxito abrumador, incontestable. Griñán ha perdido, además, la batalla propagandística: el decreto no es el del ahorro presupuestario, ni el de la modernización de la Función Pública. Es el decreto del enchufismo. A mediodía del sábado aún colgaban de las verjas de los jardines del Parlamento docenas de enchufes baratos, de esos que se compran por menos de un euro en las tiendas de los chinos. No cabe mayor concisión gráfica, ni mayor impacto simbólico. El enchufe cutre ha sido convertido en el nuevo e infamante logo de la Junta.


Los insurrectos han asfaltado un camino que, hace dos años, abrieron los profesores de bachillerato andaluces: el de la protesta ciudadana elemental, el de la democracia entendida como rebelión colectiva contra los abusos de poder. Los profesores rechazaron masivamente el Plan de Calidad Educativa, es decir, una bufanda de 6.000 euros a cambio de aumentar el número de aprobados. Hoy están siendo castigados con el desarrollo del ROC, el nuevo reglamento de organización de centros que convertirá a muchos directores en comisarios políticos. Los funcionarios disidentes no correrán la misma suerte. Su movilización, a diferencia de la que
propició aquel fallido plan, no es discontinua ni efímera. Han descubierto la
virtud de la perseverancia, del no pasarán. No cejan, no dan tregua, no se dejan
engatusar. Y lo más meritorio de todo: ya no tienen miedo.

José Antonio Rodríguez Tous

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