Han pasado tantos años desde la caída del régimen autoritario franquista que una buena parte de la ciudadanía no conoce otra forma de gobierno que la actual. Y no se si esto es bueno o malo, dado que aunque para la mayoría de los que vivieron en aquella dictadura esta democracia con sus defectos es preferible, a la juventud puede hastiarle tanto los defectos del sistema que lleguen a plantearse si no sería mejor apoyar a alguien que fuera de la Constitución usara la mano dura para poner orden en tanto desatino político.
Por ello, confieso que me inquieta difundir los múltiples defectos del sistema, pues alguien pudiera pensar que existen soluciones fuera de la democracia o más bien que considero que “esto no tiene arreglo” con el actual estatus constitucional.
A mí alrededor escucho las quejas del ciudadano cada vez más descontento con la clase política, las instituciones, sindicatos, los poderes públicos… Parece que no nos sentimos representados, y lo sentimos así personas que creemos tan firmemente en la bondad de la democracia que estaríamos dispuestos a luchar por defenderla. Pero es precisamente este convencimiento el que nos impulsa por un lado a decir que en esta democracia, algo está fallando. Y en segundo lugar la necesidad de luchar contra esta situación, aún a riesgo de crear desestabilización que pueda dar motivos a los autoritarios, pero como necesaria vía para impulsar cambios que nos reconduzcan a una democracia más plena.
No cabe duda que vivimos tiempos difíciles en todo el mundo. El caso de Andalucía es particularmente penoso, pues a todos los males se añade el de ser la comunidad autónoma con más paro y continuar a la cola del desarrollo en la Europa occidental , el Gobierno andaluz usa la excusa de la crisis para destruir la administración a costa de crear un entramado de agencias públicas con enchufados. Así es que la desgracia se ceba con la retrasada Andalucía de los “señoritos y cortijos” pues se perpetúa el sistema ahora por los que se dicen socialistas.
Pero el ciudadano tan beligerante en los años de la transición ahora muestra resignación. No obstante, volviendo al punto de partida, la mayoría de los ciudadanos no cree en esta clase política. Y lo que es peor, duda de este sistema democrático, dado que no le permite elegir la política de su país. En Francia o Alemania gobierna un partido de corte liberal, y por tanto no es de extrañar su sometiendo a los dictámenes del mercado; pero en España y Andalucía creíamos que gobernaba un partido socialista y obrero.
¿Qué puede hacer ante esto el votante socialista? No puede votar a la derecha, pues el resultado no parece que fuera mejor, aunque ¿cómo va a votar al mismo partido que realiza esta política contraria a los intereses de los socialistas y trabajadores? Y si vota a otro partido, pensará que el sistema electoral hará que su voto se pierda, todo el mundo habla del voto útil, porque nadie habla del inútil o basura. Todos los votos no valen lo mismo.
Así, se es conciente que el no puede decidir ni a sus gobernantes pues en este país las listas electorales nos la preparan los partidos ni la política, pues las dicta el mercado.
“El mercado”… Tenemos la intuición que las ordenes son dadas por los mismos que han creado esta crisis.
Alguien dijo: “Si Gobierna el mercado; entonces ¿para que queremos los gobiernos?”
Lo sé, es una frase envenenada. Pero no es menos cierto que lo que esta pasando es que en un estado en el que la democracia se ha convertido en una patente de corso para la clase política a hora nos vienen los que nadie votamos a imponer autoritariamente a los gobiernos una serie de reformas que a su vez de igual forma son puestas en marcha por el gobierno español. Se olvidan que son servidores del pueblo que les votó y aún del que nos les votó, de todos.
En el caso de Andalucía es palmario que el PSOE no mira por los intereses comunes de su Andalucía, colocará a miles de enchufados de sus empresas públicas a vivir con sueldos de la administración de por vida, frustrará las aspiraciones de miles de jóvenes opositores que no podrán acceder por mérito a ser funcionario público, colocará a los suyos en la toma de decisiones y dejará a los funcionarios independientes apartados de toda toma de decisiones técnicas o del control legal de las mismas, frustrando asimismo su carrera profesional. Todo esto con el agravante de que pueden perder las elecciones y dejarán esta situación en manos del Partido Popular y luego se quejarán de que Andalucía se maneje como un cortijo…
No hay comentarios:
Publicar un comentario