UN NUEVO OPIO DEL PUEBLO
Resulta evidente que las sociedades desarrolladas actuales, como el caso de la española, viven en una confortable modorra que explica que, a pesar de tener el conocimiento y la información jamás superada por generaciones anteriores, vivan en una indolencia cada vez mayor respecto a lo cotidiano, a aquello en lo que cada uno puede y debe desde su libertad tomar decisiones que afectan a toda la comunidad.
Sin duda la explicación de esta apatía intelectual e inacción social del ciudadano es compleja, pero simplificando estaremos de acuerdo que tiene mucho que ver con eso llamado “la sociedad del consumo”.
En cierto modo me atrevo a decir que en occidente el opio el pueblo del que hablaba Marx, ese supuesto freno intelectual atribuido a la religión, ha pasado a ser el “consumismo” entendiendo este término en su sentido más social. Podemos llegar a ver incluso el efecto llamada en los jóvenes de esos países en vías de desarrollo, en los que a pesar del hambre la gente siempre se ha sentido feliz y ahora la comunicación global hace que incluso los formados en las universidades, se sientan arrastrados por los cantos de sirena de nuestro opulento y mediático mundo; no vienen huyendo tanto del hambre como de la infelicidad de ver frustrados su anhelos de vivir como nosotros y no precisamente por nuestras libertades políticas y democracia.
Podríamos soportar con desdén que la imbecilidad se apodere de la televisión o que nuestro vecino, un paleto ignorante, se crea superior por ganar más y tener un coche de gama alta, o seguir soportando que el espacio dedicado en los medio de comunicación al futbol sea muy superior al de la economía, cultura y crítica política. Ahora, ¿es admisible que toda esta basura llegue a gobernarnos?
Porque. ¿Qué mierda es esta de la clase política que tenemos?
Cuando un país es administrado por personajes tan vacíos como los que ahora ocupan el poder en todos sus estamentos de la administración, ya sean los gobiernos, diputaciones o ayuntamientos, sólo se puede esperar el desastre. Y es que tenemos una fauna política que sólo se atiene a la imagen pública más banal. Sea un ejemplo la política del Gobierno del presidente Zapatero, que ha dado bandazos continuos para contentar a quien creía conveniente para ganar votos primero y luego al “santo poderoso mercado” y la imagen que queda es la de una política económica vacía, sólo de fachada pero hueca y queda la sospecha que siempre al dictado de intereses ajenos a los públicos. No sería justo dejar en el olvido el lamentable papel en este asunto del partido mayoritario en la oposición, ni los sindicatos o la patronal, todo un ejemplo de lo que no debería ser un país.
¿No basta todo esto para dar un giro ya a la situación?
A pesar de todo me niego al pesimismo, y creo que la mayoría de nuestros políticos son personas honestas e inteligentes, eso sí, que viven presas del “status quo” de los partidos.
Por ello, les pido a ellos y a todos los ciudadanos que nos unamos para pedir ¡qué se cambie esto ya! Es urgente limpiar la imagen de la clase política, recobrar la credibilidad de los políticos.
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